paraiso

Sobre Economía Social: ¿sabías que…? (I)

Es frecuente que quienes constituyen una cooperativa o se asocian a alguna, desconozcan que ella constituirá una herramienta organizacional poderosa para enfrentar sus problemas y de quienes lo rodean, también que ingresan al movimiento socio – económico mas extendido del mundo, a un movimiento con malos entendidos y manipulaciones populistas pero también pleno de de bellas utopías, de una rica historia y grandes impactos y éxitos en su caminar, gracias a los cuales es apreciado en innumerables rincones del planeta y reconocido por importantes instituciones como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

La lógica de las cooperativas es la misma de las Organizaciones de la Economía Social (OESs) pues ellas son parte constituyente de esta economía. Esa lógica que puede resumirse como la asociación voluntaria de personas que unen esfuerzos y recursos para enfrentar sin intermediarios sus problemas comunes, ha estado presente desde siempre en el qué hacer cotidiano de la humanidad, pero tomado mayor impulso en la medida en que se han sistematizado sus procesos, detectados los principios que motorizan y facilitan la aplicación de sus valores, e irradiado con experiencias estudiables y perfeccionables el amplio mundo de la Teoría Administrativa.

Es así como, desde la constitución formal de la primera cooperativa moderna del mundo, la Compañía Común de Ampelakia en Grecia[i], hasta ahora, el cooperativismo se ha convertido en el primer movimiento socio – económico del planeta siendo pioneras en esfuerzos comunes, en sus miembros existe una especie de conciencia colectiva que les ha permitido desarrollar experiencias genuinas, cada una con su singularidad, con interesantes bondades como la producción de bienes y servicios y el combate a la iniquidad, al hambre, a la pobreza y al desempleo, al mismo tiempo que teje ciudadanía local en época de indiscutible globalización.

En la actualidad son infinitas las expresiones espontáneas o permanentes que individual o colectivamente son utilizadas para enfrentar problemas; se encuentran en todos los espacios humanos y son consecuencia lógica de nuevas necesidades urbanas y rurales que con creatividad e innovación generan nuevos sistemas económicos y modelos organizacionales con base en novedosas formas de gobernanza, redes de comunicación y sistemas de intercambios.

La Economía Social no es sólo un término, es una realidad socio-económica con expresiones históricas y geográficas construidas a lo largo de la humanidad, catapultada con los impactos de la Revolución Industrial. Esas realidades, verificables, han recibido diversas denominaciones, la más antigua, Economía Social, tiene origen europeo, es el más expandido en el planeta.

El término data de principios del siglo XIX, ya en 1830 Charles Dunoyer había publicado en París su Nuevo Tratado de Economía Social y que en esa misma década se impartió un Curso de Economía Social en la Universidad de Lovaina[ii]; ambas actividades se insertan en la faceta de la ES como campo del conocimiento. Desde entonces y hasta finales de ese siglo, agrega Defourny, citando a A. Gueslin[iii], la ES no pretendió ser, ni más ni menos, que otra forma de hacer política económica, “todos sus defensores estaban sensibilizados por el tremendo coste humano de la revolución industrial y reprochaban a la ciencia económica dominante el que ignorase la dimensión social”.

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[i] Comité Económico Social Europeo. La Economía Social en la Unión Europea. Informe Elaborado para el Comité Económico y Social Europeo por el Centro Internacional de Investigación e Información sobre la Economía Pública, Social y Cooperativa (Ciriec). Bélgica.2012.124 págs.

[ii] Defourny, Jacques. “Orígenes, contextos y funciones de un tercer gran sector” en José Luís Monzón y Jacques Defourny. Economía Social. Entre Economía Capitalista y Economía Pública. Ciriec- España. Valencia. S/f. pp.17- 21.

[iii] Gueslin, A. L´invention de l´économie sociale. Económica. Paris.1987. Citado por Defourny. Ob. Cit. p.19.

Ahorros

Sobre Economía Social: ¿sabías que…? (parte II). Las cooperativas de ahorro y crédito

Desde 1948, el tercer jueves del mes de octubre, se celebra en el planeta el Día Internacional de las Cooperativas de Ahorro y Crédito (CACs) como reconocimiento a los aportes de este sector cooperativo a los desarrollos nacionales e internacionales. A nivel mundial existen unas 60.000 cooperativas de ahorro y crédito en una centena de países con la misión común de fortalecer a más de 208 millones de asociados.

Algunas cifras por continente demuestran el peso de ellas.

01.- Experiencias asiáticas

Una panorámica mostraría que Asia, el continente más extenso y poblado, con el 30 % de la superficie mundial y 4.308 millones de habitantes, posee el 60 % de la población mundial repartida en 38 países (2014). En este destaca el cooperativismo rural de ahorro y crédito inspirado en el modelo alemán Raiffeisen, que para 1988 absorbía el 56% de los créditos dedicados mundialmente a la agricultura; es el continente de mayor crecimiento económico mundial, el mayor productor y consumidor de alimentos con casi el 80 % de la mano de obra agrícola mundial.

Asia contiene los dos países con mayor peso cooperativo, China y la India, ambos suman el 35,3% de los cooperativistas a escala mundial: China con 180 millones de personas sólo en lo rural y la India con 250 millones de personas. Al igual que en África, en la mayor parte de los países asiáticos se observan tradiciones colectivas que dificultan el avances de un cooperativismo formal de mayores dimensiones y mejor democracia; el colectivismo tradicional es informal, pequeño, jerárquico, se basa en el consenso y no es necesariamente equitativo.

Japón contiene dos de los principales bancos cooperativos del mundo: Norinchukin Bank (1923) y los Bancos Populares Shinkins Banks con cerca de 9.000 cooperativas y unos 17 millones de asociados. También posee la Japanese Consumers Co – operative Union (JCCU, 1951) que asocia cerca del de la 30% población.

Corea del Sur es referencia mundial del empleo cooperativo con un 23% del total de ocupados en un país de 51.454.000 de habitantes. En este país el cooperativismo de ahorro y crédito ocupa un lugar preeminente gracias a dos grandes sistemas financieros: 1. – la Federación Nacional de Cooperativas de Crédito; y 2. – la Federación Cooperativa Agrícola Nacional (FCAN), con sus vertientes bancarias y agrícola; entre ambos suman unas 3.000 cooperativas con 7 millones de asociados con una Tasa de Penetración superior al 15% lo que lo sitúa este sistema en el primer lugar de los países en desarrollo. En lo bancario, la FCAN es el primer banco coreano y uno de los mayores del mundo con más de 4.000 sucursales.

02.- Experiencias africanas

Este continente, de difícil geopolítica por las divisiones territoriales trazadas por los colonialistas que provocaron divisiones ficticias entre comunidades que en sí mismas poseen condiciones intrínsecas para conformar verdaderas naciones, se caracteriza por su gran heterogeneidad y complejidad lo que dificulta cualquier generalización sobre sus cooperativas; en él, existe un marco legal de referencia para numerosos países establecido por la Organización por la Armonización en Africa del Derecho de los Asuntos (Ohada) aprobado en el 2010 y con vigencia desde el 2011.

Una visión general mostraría con nitidez que, al igual que en Asia, existen tradiciones colectivas que dificultan el avances de un cooperativismo de mayores dimensiones con amplias bases democráticas. Las financieras son las más abundantes, de mayor tamaño y potencial multiplicador; en 1968 se fundó la Confederación Africana de Cooperativas de Ahorro y Crédito (Accosca) con sede en Nairobi.

En este sector destaca Kenia, país de 43 millones de habitantes con 2,7 millones de asociados en ahorro y crédito que gestionan el 31% de los depósitos y ahorros nacionales con apoyo en 250.000 empleados. En ahorro y crédito también tiene presencia Ghana por su proceso de inclusión de la juventud, tercera parte de su población de 26 millones, mediante 89 clubes de ahorro con 19.675 miembros en varias escuelas: En Ruanda el Consejo Mundial de Cooperativas de Ahorro y Crédito reconstruyó el sistema integrado por 149 cooperativas de ahorros y préstamos y unos 400.000 miembros, sin distinguir entre grupos étnicos.

En general, las estadísticas disponibles en la amplia mayoría de los países de este continente, no permiten formar una idea de los organismos de integración ni de los servicios prestados a sus asociados[1].

03.- Experiencias europeas

Acá el cooperativismo adquiere dimensiones espaciales dado que allí nació y en todos sus países se han constituido ejes destacados de integración; las cooperativas forman parte de la cultura económica – social y sus estadísticas están mejor ordenadas. Durante los 70s y los 80s se produjo un resurgimiento de las cooperativas obreras de producción y muchas se unieron para formar el Comité Europeo de Trabajadores de Cooperativas (Cecop) que representa unas 50.000 con un millón de trabajadores.

En este continente el sector de ahorro y el crédito cuenta con el mayor número de asociados, al tiempo que el agrícola posee más cooperativas. Algunos de los bancos más grandes del mundo como el Credit Agricole y el Credit Mutuel en Francia así como el DG Bank en Alemania, son cooperativas y están en Europa, hay 4.200 bancos cooperativos locales, cerca de 60.000 filiales y una cuota de mercado de 20 por ciento. En Suecia, el Förenings Sparbanken es uno de los grupos bancarios más grandes de los países nórdicos con 11.000 puestos de trabajo.

En el caso alemán es de resaltar la Federación de Bancos Populares y Bancos Raiffeisen (Bundesverband der Deutschen Volksbanken und Raiffeisenbanken), surgida de la inspiración de Friedrich Wilhelm Raiffeisen, con cooperativas de ahorro y crédito orientadas inicialmente a los campesinos y luego al aprovisionamiento de insumos y comercialización de productos agrícolas. Posteriormente Hernan Shulze-Delitzsch los bancos populares o cooperativas de ahorro y crédito orientadas al apoyo de artesanos y pequeños industriales citadinos. La federación mencionada está en el origen del nacimiento del único banco cooperativo alemán, hoy llamado Rabobank, con una estructura descentralizada y una política bancaria flexible. Los Bancos Raiffeisen son modelo mundial de cooperativismo de ahorro y crédito; existen unas 900.000 cooperativas con su estilo en más de 100 países con unos quinientos millones de asociados[2].

Francia destaca por su Crédit Agricole, primer grupo financiero francés con sus 140.000 empleados, 31.500 directores de oficinas locales y regionales y sus 8,2 millones de asociados, 1,1 millones de accionistas y 50 millones de clientes en 54 países: este sistema financiero financia el 25% del crédito a las PyMEs de este país, su éxito se basa en ser un banco universal cercano de sus relacionados. Gracias a más de 7.000 oficinas que en realidad son cooperativas de ahorro y crédito locales, atiende 34% de los franceses, 66% de las empresas y 90% de los productores agrícolas. Si a sus cifras se suman la Caisse d´Epargne con el 12,3%, el Credit Mutuel de vocación rural inspirado en el modelo Raiffeisen, y el Banque Populaires inspirado en el modelo urbano del Volksbanken, el 38,8% de los depósitos de los franceses está en el sistema cooperativo.

04.- Experiencias americanas

En Canadá, sobre 36,65 millones de ciudadanos, las cooperativas asocian más de 12 millones y emplean unas 140.000 personas. Solo en las credit unions del sector anglófono y en las Cajas Populares y de Economía Desjardins del francófono, tienen más de 10 millones. El sector aporta una extraordinaria fuerza a la identidad canadiense y ha sido capaz de imprimirle un profundo sentimiento de solidaridad al mismo tiempo que muestra formas cooperativas hábiles en producir, servir y comercializar[3].

Allí las cooperativas son un componente esencial de numerosas comunidades, desarrollándose en sectores diversos como el forestal, viajes, manufactura, información tecnológica, publicidad, transporte, mantenimiento del hogar, y otras como las de pesca. En lo financiero el Movimiento Desjardins, fundado en 1900 por Alfonso Desjardins, es segundo entre las instituciones financieras cooperativas más sólidas del mundo, primer grupo financiero de Canadá y mayor empleadora privada de Quebec, cuenta con más de siete millones de asociados y clientes, 45.547 empleados y 4.351 dirigentes de sus 293 cajas en las Provincias de Québec y Ontario[4].

Es de resaltar el denominado Movimiento Cooperativo de Antigonish, desarrollado desde la Universidad de San Francisco Javier, Nueva Escocia, por su alta influencia no solo en las provincias marítimas de Canadá sino por sus repercusiones a través de sacerdotes formados en sus aulas en varios países de América Latina como la del sacerdote Ramón González Parra en San Gil, Colombia; la del sacerdote José Elías Thielen con sus cooperativas de ahorro y crédito en estado Falcón, Venezuela; y otras en Puerto Rico y otros países.

En USA se cuenta con más de 150.000.000 cooperativistas y de 47.000 cooperativas de distintas ramas integradas fundamentalmente en la Liga de Cooperativas de los Estados Unidos, que hoy se denomina Asociación Nacional de Empresas Cooperativas. Destacan unas 12.000 de ahorro y crédito (Credit Unions) integradas en la Credit Union National Association (CUNA), constituida a partir de su precursora, la Credit Union National Extension Bureau en Colorado (1934); hoy con algo más de 110 millones de asociados. Cuna impulsó, junto a la Unión Internacional Raiffeisen (UIR, 1968), la constitución del el World Council of Credit Unions, Inc. (Woccu). CUNA y Woccu tienen sus sedes en Wisconsi.

¡Atención!: 1.- como la mayoría de las Credit Unions cuenta con seguro de ahorro hasta por 100.000 US$, en caso de quiebra de cuentas individuales, ese seguro junto a otros hace que 50 millones de habitantes, el 20% de la población, se asegure con cooperativas y mutuales; y 2.- La cooperativa de ahorro y crédito más extendida del mundo es la Navy Federal Credit Union constituida por los marines, sus familiares y empleados del Departamento de Defensa de USA, para el 2016 tenía algo más de 6,1 millones de asociados que administraba 75 billones de US$.

México se distingue por cajas populares que han sido objeto de reformas legales en los últimos años con apoyos en reestructuración de movimientos como el Raiffeisen y el Desjardins. Según el Fideicomiso de Supervisión Auxiliar de Sociedades Cooperativas de Ahorro y Préstamo y de Protección a sus Ahorradores (Focoop) el número de socios del sector era de 6.453.000 en Sept.-2014 en un total de 692 cajas o cooperativas de ahorro registradas. Una de sus cajas, la Caja Popular Mexicana constituida en 1996 por 23 cajas que tomaron la decisión de fusionarse, contaba en julio – 2013 con 1.788.756 asociados[5]

En Puerto Rico, la Isla del Encanto, el asociacionismo se inicia en 1873 con la fundación de Santiago Andrade la sociedad de socorro mutuo “Los Amigos del Bien Público” y en 1893 con la fundación de la sociedad cooperativa “El Ahorro Colectivo”. Fue a partir de los años 30s cuando se organizan numerosas  cooperativas y establecieron organismos de integración y estructuras gubernamentales de apoyo, la Universidad de Puerto Rico también se sumó a este proceso. El impulso inicial lo dio la política del Nuevo Trato con el programa “Puerto Rico Reconstruction Administration” (PRRA) impulsado por Franklin Delano Roosevelt en 1935. Es de destacar la influencia del Padre Joseph Mc Donald de la Universidad de Antigonish de Canadá con sus cursos en la Universidad de Puerto Rico (1945) y los impactos de esta universidad en el desarrollo posterior del ahorro y el crédito cooperativo.

Fue con la primera ley general de Sociedades Cooperativas (Ley 291 / 1946) que se iniciaron procesos de integración con la Liga de Cooperativas (Ligacoop, 3/06/1948) y la  Federación de Cooperativas de Créditos de PR (1950); siguieron el Banco Cooperativo de PR (1950), la Confederación de Cooperativas del Caribe (1954) y la Federación de Cooper Agricolas (1956). En paralelo se constituyó el  Instituto de Cooperativismo en la Universidad de Puerto Rico (1953),  y las dos cooperativas claves en el sector seguro de ese país: la de Seguros de Vida (1959)  y  la Cooperativa de Seguros Múltiples Inc. (1963), complementados luego en lo financiero con el Banco Cooperativo (1966). Ligacoop es el organismo de integración nacional, agrupa federaciones y centrales con un total de 224 cooperativas asociadas, de ellas 130 son de de ahorro y crédito con 966.274 asociados en el 2016[1].

En Costa Rica las cooperativas de ahorro y crédito eran propietarias de un 8.5% de los activos del sistema financiero nacional en el 2011. En Colombia, país con unas 8.124 cooperativas y 4 millones de asociados el 6,5% el sector es ocupado por ellas y otorga el 91% de todos los microcréditos de un país al que aportaron el 4,96% del PIB para el 2009 [6]. Según un estudio de la Confederación Alemana de Cooperativas Raiffeisen (DGRV), su sector financiero se ubica en el tercer lugar en América Latina, detrás de Brasil y México.

El cooperativismo ecuatoriano, con antecedentes a principios del pasado siglo en Guayaquil, contaba al 29/6/2015 con 3.488 cooperativas con dominio de las financieras con 906, 30% del total, y más del 50% de las 2.582 no financieras concentradas en transporte; el resto en producción, vivienda y consumo, en ese orden. El total de asociados suma unos 5 millones. En Bolivia la Federación de Cooperativas de Ahorro y Créditos agrupa unos 700.000 en 108 cooperativas. El organismo mayor de integración es la Confederación Nacional de Cooperativas de Bolivia (Concobol).

Argentina por su parte cuenta con el Banco Credicoop Cooperativo Limitado (1979) fundado por la fusión de 44 cajas cooperativas de crédito de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, funcionando como cooperativa de segundo piso; posee la única tarjeta cooperativa del mundo: Cabal, un millón de ciudadanos participan en este sistema.

En Chile, el sector fue de los más afectados durante la Dictadura Militar, desapareciendo gran cantidad de cooperativas entre 1976 y 1982, destaca la Federación Chilena de Cooperativas de Ahorro y Crédito (Fecrecoop) cuyas cooperativas de base suman 200.000 asociados. En ahorro y crédito resalta la Cooperativa de Ahorro y Crédito del Personal de la Universidad de Chile (Coopeuch Ltda.) con incidencia económica en 1.748.000 asociados, el 20,7% de la fuerza laboral y casi 200.000 familias.

Mientras que en Paraguay, las cooperativas de ahorro y crédito de Paraguay poseían activos por más de 2.100 millones de dólares para el año 2010, casi un 17% del total del sistema financiero nacional, en el 2011, el capital social de la mayor cooperativa de ahorro y crédito superaba al de 11 bancos comerciales.

En Venezuela este sector cooperativo tomó fuerza desde inicio de los 60s, luego de la caída de la asesina dictadura perezjimenista, cuando el sacerdote José Elías Thielen Hernández, formado en la St. Francis Xavier University en Antigonish, impulsó la constitución de la Cooperativa de Ahorro y Crédito Tacuato con un total de 13 asociados. En este país llegó a existir una Federación Nacional de Ahorro y Crédito cuyos activos dieron origen a la actual Centra Cooperativa Nacional de Venezuela (Ceconave). La hiperinflación y la crisis nacional producto de la dictadura militarista actual han generado una caída muy fuerte de las cooperativas del sector. Cooperativas como la San José Obrero en Falcón, Corandes en el estado Mérida, La Florencia en Táchira, y otroras destacadas que aún resisten las embestidas de la crisis.

Como se observa, celebrar este día abona conciencia en torno a los beneficios de las cooperativas de ahorro y crédito.

Fuente:

https://www.amazon.com/INTEGRACI%C3%93N-COOPERATIVA-OLEAJE-MUNDIAL-Spanish-ebook/dp/B07X5NXN8W/ref=sr_1_1?keywords=oscar+bastidas+delgado&qid=1569981773&s=gateway&sr=8-1


[1] https://www.coopmanati.com/content/s%C3%B3lidas-las-cooperativas-de-ahorro-y-cr%C3%A9dito-en-puerto-rico


[1] Fongang, G, Les organisations de producteurs en Afrique de l’Ouest et du Centre: attentes fortes, dures réalités. Le cas du Cameroun, Rapport FARM, 2012:

http://www.fondation-farm.org/zoe/doc/etudefarm_201302_rblein_opcameroun_li.pdf

[2] Ver. Michael Klein. La obra de cooperativas de Friedrich Wilhelm Raiffeisen y sus raíces cristianas. 2009. En http://www.deutsches – raiffeisenmuseum.de/IRU0109_es.pdf

[3] Ver Oscar Bastidas Delgado. Especificidad Cooperativa Canadiense. Oct. 2004.

[4] https://www.desjardins.com/a-propos/desjardins/qui-nous-sommes/en-chiffres/index.jsp

[5] http://www.cpm.coop/index.php/inicio/solidez – empresarial

[6] Organización de Naciones Unidas (ONU). Las cooperativas en el desarrollo social y observancia del Año Internacional de las Cooperativas. Informe del Secretario General. 2011.

Sabias que vi

Sobre Economía Social: ¿sabías que…? (parte III)

La Economía Social no es solo un término, es una realidad socio-económica con expresiones históricas y geográficas construidas a lo largo de la humanidad, catapultada con los impactos de la Revolución Industrial. Esas realidades, verificables, han recibido diversas denominaciones, la más antigua, Economía Social, tiene origen europeo y data de principios del siglo XIX pero se ha expandido por el planeta.

Desde siempre han existido fórmulas de entreayuda y solidaridad mediante las cuales individuos, grupos y poblaciones enteras han logrado soluciones de variadas magnitudes ante problemas comunes; en ese panorama, las utopías, escritas o no, entendiendo por tales solo planteamientos factibles y referidos a sociedades, contribuyeron y aún lo hacen grandemente.

Paul Lambert, estudioso del cooperativismo, resaltó en su libro “La Doctrina Cooperativa”, las asombrosas analogías entre ciertas instituciones con esquemas colectivos de la Antigüedad y de la Edad Media, con las cooperativas de nuestro tiempo[1], él menciona algunas, se agregan otras; las confraternidades de sepultura y las de seguros en Grecia y Roma; las lecherías comunes en Armenia; las sociedades de arrendamiento de tierra en común en Babilonia; los collegia funeralitia de artesanosde la antigua Roma; las confraternidades de drenajes, riegos y construcción de diques en Alemania; los ágapes de los primeros cristianos como formas cooperativas; las organizaciones agrarias y de trabajo entre los pueblos eslavos;

Continúa. el mir entre los rusos; los artels de pescadores y cazadores de la antigua Rusia; la zadruga de los serbios; las queserías de los armenios y de los campesinos europeos de Los Alpes, del Jura y del Saboya; las conocidas Fruitières du Jura en Francia consideradas verdaderas cooperativas de colecta y transformación de derivados de leche; las sunedrias y hetedrias griegas y las asociaciones de ahorro y Guildas medievales de artesanos y trabajadores por oficios, que en su momento fueron semillas de mutualismo; y otras como los equipos de construcción que recorrían Europa en la época de las catedrales o “compagnons”; las cofradías, hermandades de socorro y montepíos.

Experiencias de este tipo también las hubo en América como el calpulli de los aztecas, de aprovechamiento colectivo de la tierra para usufructo individual y comunal; los consejos de ancianos de los nahuas que dirigía la organización de la comunidad con el pariente mayor como “jefe”; y los positos, suerte de almacenes comunales en los que los indígenas del México precolombino depositaban sus cosechas en prevención de malas temporadas.

Siguen, los ayllusde la cultura inca; las cajas de comunidad de la colonización española; las colonias de los inmigrantes de Norteamérica con alto carácter religioso; las reducciones de los jesuitas en el Paraguay; las cofradías religiosas en casi todo el continente; y expresiones de trabajo asociado como la minka yla waki como entrega de labor agrícola a cambio de comida y parte de la producción en Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú; el tequioen México; las juntas de los borucas en Costa Rica; el ayni en de ayuda mutua y recíproca de servicios o bienes entre dos familias en los países andinos; el apthapi o compartir comida de manera comunitaria; los ejidos colectivos de México y el convite, la manovuelta y la cayapa en Venezuela.

En la actualidad son infinitas las expresiones espontáneas o permanentes que individual o colectivamente son utilizadas para enfrentar problemas; se encuentran en todos los espacios humanos y son consecuencia lógica de nuevas necesidades urbanas y rurales que con creatividad e innovación generan nuevos sistemas económicos y modelos organizacionales con base en novedosas formas de gobernanza, redes de comunicación y sistemas de intercambios.

La gama de términos que cobijan estas organizaciones es variada, algunos son genéricos como tercer sector, tercer sistema, cuarto sector; otros intentan señalar el sector que construyen: economía social, economía popular, economía indígena, economía familiar, economía comunitaria, economía del trabajo; algunos se refieren a los espacios en los que actúan: economía urbana, economía campesina, economía marginal, economía vecinal, economía comunal, economía colectiva, economía naranja, economía informal; otros apuntan a lo que se pretende hacer con ellas como economía alternativa, economía circular, economía inclusiva; otros denotan el valor que supuestamente desarrollan: economía colaborativa, economía de autoayuda, economía participativa, economía asociativa, economía cooperativa, economía autogestionaria, economía democrática, economía de la solidaridad, economía solidaria y otros que señalan condiciones de funcionamiento como Non profit organisations (NPO) u Organizaciones Sin Fines de Lucro (OSFL).

Durante la Edad Media, Europa vio nacer organizaciones de beneficencia constituidas por clases pudientes para realizar acciones de caridad hacia sectores pobres; dominaron ese espacio organizacional los montes de piedad, las cofradías, los hospitales benéficos, destacando las Friendly Societies, siendo la más conocida por su amplia composición femenina la York Female Friendly Society fundada en York en 1788. Desde finales de esa época, grupos poblacionales decidieron organizarse en variados países para enfrentar sus problemas directamente.

Las rupturas de tradiciones por la crisis social y las migraciones poblacionales estaban en la agenda, numerosas personas se manifestaban de manera violenta mientras otras explosionaron posteriormente, en paralelo se buscaban y multiplicaban las expresiones de solidaridad; las acciones colectivas emergían con dificultades sumándose a las previas, conformando un abanico extraordinario de propuestas organizacionales centradas en las personas. Bajo esta lógica, a finales del Siglo XVIII se constituyó la primera cooperativa moderna del mundo, la Compañía Común de Ampelakia (Grecia), según una cita de José Luis Monzón y Rafael Chaves:

“Se fundó entre 1750 y 1770 cuando las pequeñas asociaciones (syntrofies) cultivadoras de algodón y productoras de hilo rojo de 22 aldeas de la zona de Tempi se unieron en 1772 para evitar una rivalidad y competencia innecesarias. Se convirtió en una gran empresa, con 6 000 socios, 24 fábricas y 17 sucursales en toda Europa, desde San Petersburgo y Londres hasta Esmirna. Sus socios se beneficiaron de seguros sociales, instalaciones sanitarias, escuelas y bibliotecas y de la Universidad Libre de Ampelakia. Se disolvió en 1812 por la presión combinada de los elevados impuestos y la evolución económica y técnica de la industria del hilo”[2].

En 1793 la inglesa Ley de Rose dio el primer estatuto a las mutuales y ellas, que destacaban desde mediados de siglo con grupos que pactaban el compromiso común de sufragar los gastos por enfermedad o entierro de sus miembros, tendrían auge al alcanzar mayores dimensiones impactos por su propia dinámica y por la influencia de diversos pensadores. La Francia de finales del Siglo XVIII destacaba con experiencias asociativas como los clubes de los Feuillants y de los Cordeliers y la famosa asociación jacobina de los Amigos de la Constitución a partir de 1790, que se impulsan con la Revolución Francesa que a su vez se apoya en ellas para gobernar.

Desde principios del Siglo XIX se suman rasgos emergentes de mutualismo que se nutrirían de la autonomía de asociaciones de base y de las relaciones diversas entre profesiones y territorios y hasta surgirían propuestas doctrinarias como el “solidarismo”, doctrina oficial de la construcción de la III República Francesa como vía alterna al individualismo y el socialismo[3].

Al respecto:

 “La historia de la sociedad francesa y la dificultad persistente a admitir el derecho de asociación, favorecieron al contrario, el enraizamiento de esta soberanía. El impulso dado desde la base hacia lo alto en el desarrollo institucional de la mutualidad convirtieron ese fenómeno en irreversible” [4].

Es de destacar que los cooperativistas ingleses entablaron estrechas relaciones con el movimiento obrero y sus sindicatos desde 1824, de tal manera que de uno de los ocho Congresos Cooperativos celebrados en Inglaterra entre 1831 y 1835 por cooperativistas y obreros surgió la Grand National Consolidated Trades Union que unificó la totalidad de los sindicatos británicos[5]

En paralelo surgieron otras experiencias cooperativas como la de consumo en Zabaikalie, Rusia, una de construcción en Filadelfia y una avícola en Irlanda, las tres en 1831. Siguió la primera cooperativa de producción en Francia: “l’Association chrétienne des bijoutiers en doré”, fundada por cuatro obreros parisinos en 1834 y una de consumo en Lion, “Le commerce veridique et social” de 1835, por cuya fundación el lionés Michel Derrion fue condenado en 1840.

Posteriormente se constituiría, como se verá en líneas posteriores, la Sociedad de los Equitativos Pioneros de Rochadle que, no siendo la primera cooperativa si lo fue en sistematizar y escribir pautas de funcionamiento que originaron los conocidos Principios Cooperativos. En paralelo a Rochadle prosperaron en Francia las cooperativas de producción y trabajo conocidos como “familisterios” fundado en Guisa por Juan Bautista Godin.

Como se observa, las ideas y prácticas cooperativas se extendían con velocidad, así, Checoslovaquia funda su primera cooperativa en 1845 y el cooperativismo de vivienda y de seguros toma presencia en los países escandinavos junto a experiencias de consumo que dieron lugar, entre otras expresiones, a la Federación Sueca de Cooperativas (K. F. Cooperativa Forbundet).

Sintetizando, en claro enfrentamiento con los valores e intereses del naciente sistema capitalista y como consecuencia de la ebullición social y la necesidad de concentrar fuerzas con visión política y de gobierno para dirigir procesos de largo plazo a nivel de sociedades enteras, surgieron sindicatos y partidos con visión transformadora de largo plazo como los socialistas y los comunistas (Manifiesto Comunista de 1848), que contribuyeron a crear un clima revolucionario en el seno de una clase trabajadora también creciente, comprometiendo la viabilidad del capitalismo.

Fue entonces como respuesta a las fatales consecuencias del capitalismo surgieron modalidades especificas por parte del Común o “la gente” con claro perfil de autodefensa, iniciándose la construcción de un sector económico de organizaciones con rasgos específicos con actividades económicas como las asociaciones, las mutuales con obvios fines de previsión social y cooperativas como organizaciones socio-económicas de mayor fortaleza, todas agrupables bajo la denominación de ES. Esas manifestaciones de entreayuda en diversos ámbitos fueron apoyadas concomitantemente por propuestas políticas de largos alcances como las de los nacientes partidos obreros, socialistas y comunistas particularmente, los movimientos feministas y los gremios; observándolas, los economistas de la época fundaron una corriente de estudio que denominaron Escuela de Economía Social.

Desde ese momento y hasta ahora, las OESs enfrentarían problemas con el capitalismo y sus variantes como el capitalismo de Estado y otros sistemas que pretendieron sustituir al capitalismo como los socialismos reales; con el tiempo, nuevas situaciones y coberturas jurídicas harían más complejo el universo organizacional de las OESs.

He acá la base de toda OESs, son constituidas por grupos de personas que voluntaria y directamente, sin intermediación, enfrentan sus problemas comunes, aportando recursos propios. Como conjunto, poseen una estructura organizacional especial que las diferencia de las organizaciones de capital y de las públicas.

Junto a las OESs, surgirían organizaciones con propuestas de sociedades alternas como los partidos socialistas y comunistas y los sindicatos para la defensa de los trabajadores en las empresas; estas organizaciones se constituirían en canales de luchas socio-económicas, en alianzas en ciertos casos con las OESs, alcanzando niveles nacionales y hasta mundiales. Las cooperativas por ejemplo, según un estudio de la Organización Internacional de Cooperativas de Producción Industrial, Artesanal y de Servicios (Cicopa), organización internacional adscrita a la Alianza Cooperativa Internacional (ACI), organismo cúpula de integración del cooperativismo a nivel mundial, ellas constituyen el mayor movimiento socioeconómico del planeta con un número de cooperativas de 2,94 millones y 1.217,5 millones de asociados en todo tipo de cooperativas sobre una población mundial de 7.324 millones, el 16,62%, la sexta parte[6].

El empleo en el ámbito de las cooperativas comprende por lo menos 250 millones de personas en el planeta, el 8,73% de la población ocupada mundial, distribuidos asì: 10,8 millones de trabajadores – asociados; 15,6 millones de empleados; y 223,6 millones de personas, pertenecientes en su mayoría de ellos al sector agrícola[7]. Si se considera que cada asociado tiene una familia promedio de tres personas, el total de personas vinculadas al movimiento, sobrepasa los cuatro mil millones.

Para completar el panorama puede afirmarse que las 300 cooperativas más grandes han generado ingresos anuales de 2,2 billones de dólares, equivalente al PIB de la séptima economía más grande del mundo[8]. Estas cifras deberían nutrirse de informes gubernamentales pero son numerosos los estados que conceden mayor importancia a otros sectores económicos que a las OESs, particularmente las cooperativas.

Economia social sabias que parte v

Sobre Economía Social: ¿sabías que…? (parte V)

Como respuesta a las consecuencias de ese capitalismo naciente impulsado por la Revolución Industrial, el común busca salidas colectivas a sus problemas y constituye sus propias organizaciones para enfrentar esos problemas directamente y colocando a la gente como el eje central de ellas: Economía Social. Ella surge con dos fines: el inmediato de sus impulsores: enfrentar problemas comunes, y el segundo, de mayor trascendencia, sustentado en utopías y en propuestas políticas: sustituir el sistema capitalista por otro más justo.

Efectivamente, el término con el que se denominó este conjunto de expresiones sería el de Economía Social. Defourny, al hablar de sus fuentes y remontarse a las utopías y al asociacionismo obrero del Siglo XIX afirma que el término surgió al final del primer tercio del Siglo XIX y señala que ya en 1830, Charles Dunoyer había publicado en París su Nuevo Tratado de Economía Social y que en esa misma década se impartió un Curso de Economía Social en la Universidad de Lovaina[1]; ambas actividades se insertan en la faceta de la ES como campo del conocimiento. Desde entonces y hasta finales de ese siglo, agrega Defourny, citando a A. Gueslin[2], la ES no pretendió ser, ni más ni menos que otra forma de hacer política económica, “todos sus defensores estaban sensibilizados por el tremendo coste humano de la revolución industrial y reprochaban a la ciencia económica dominante el que ignorase la dimensión social”.

01.- DOS FACETAS: LA REALIDAD ORGANIZACIONAL Y LA ESCUELA DE LA ECONOMÍA SOCIAL.

En paralelo a los procesos descritos, los planteamientos económicos y sociológicos sobre la ES como campo cognoscitivo, comenzaban a soportarse en fortalezas científicas. Surgieron varias corrientes interpretativas de los hechos sociales, escuelas del pensamiento o simplemente escuelas, que tuvieron sus impactos en el mundo económico y político, pensadores y políticos se adscribieron a una u otra.

Fue así como, mientras las asociaciones, mutuales y cooperativas se constituían y eran respuestas objetivas y visibles al fracaso “filantrópico” del capitalismo, un sector de economistas concentraría esfuerzos en comprender los “particulares” procesos económicos de esas expresiones organizacionales que enfrentaban la lógica del capitalismo concediendo supremacía a las personas.

Esa corriente de interpretación económica recibió el nombre de Escuela de Economía Social o simplemente Economía Social y se sumó a otras que también pretendían explicar el funcionamiento de la sociedad por su comprensión o para transformarla.

Con el surgimiento de esta escuela se estaría ante dos dimensiones o facetas de la ES; las referidas a:

1.- Los ciudadanos actuando en sus propias asociaciones, mutuales y cooperativas para resolver directa y voluntariamente los problemas generados por el capitalismo no resueltos por la vía de “lo filantrópico”; ellos construirían la faceta práctica, real, visible, organizacional, de la ES.

2.- Los intérpretes de la ES, aquellos economistas o estudiosos de los fenómenos sociales que reflexionaban e intentaban explicar las reacciones de los ciudadanos ante los problemas mencionados; ellos conformarían la faceta teórica, la escuela interpretativa de la faceta real, el enfoque que integraría la problemática social al estudio de la economía.

Pero este pensamiento económico explicativo de la construcción de esa ES a partir del “fracaso de la filantropía capitalista” no surgió repentinamente. Contribuyó decisivamente en su conformación el avance que se produjo al pasar los estudiosos de los fenómenos socio-económicos de una suerte de observación empírica, organizada por asociaciones voluntarias, a un tipo de observación avalado por el prestigio de la ciencia y organizado también en las universidades[3].

Así, la economía como ciencia tomaba fuerza; el esfuerzo del científico se concretaba en la realidad y las OESs eran las fuentes de las construcciones teóricas de quienes abrazaron la Economía Social como escuela del pensamiento; ellos no constituyeron ni gestionaron las organizaciones, solo intentaban explicarlas. Con el tiempo la Escuela de la ES se asimilaría a la Escuela de la Economía Socialista, afirma Girard:

“En su origen se trataba esencialmente de un movimiento de resistencia a la puesta en marcha de una economía de comerciantes que intentaba establecer una división entre lo social y lo económico y de ofrecer una solución de recambio a la hegemonía del modelo de un individuo racionalista y egoísta, movido por sus estrictas necesidades. De un proyecto de sociedad, las comunidades de vida y de producción de Owen y Fourrier, el concepto de Economía Social evolucionará hacia una especialización sectorial: cooperativas, sindicatos, mutuales”[4].

En esta línea de aportes a la Economía Social, varios actores aportaron a ella como categoría cognoscitiva: Constantin Pecqueur (1842); Francios Vidal (1846); Benoît Malon con su Tratado de Economía Social (1883); Marcel Mauss defensor de una economía de socializaciones voluntarias; Charles Coquelin quien incluiría el término “Economía Social” en su Diccionario de Economía Política (1854); Frédéric Le Play, del cristianismo social, con su Sociedad de Economía Social (1856) y su revista La Economía Social, propuso que la ES figurase en las Exposiciones Universales.

Mención especial merecen el escocés de la Escuela Clásica Jhon Stuart Mill, autor de Principios de Economía Política (1852), y Alfred Marshall (1842-1924), fundador de la Escuela de Cambridge, uno de los antecesores de la Economía del Bienestar. También el profesor Marie-Esprit Léon Walras (1834-1910), economista francés de la Escuela de Lausana, quien, desde mediados del Siglo XIX hasta sus finales se destacaría en la promoción y difusión de la ES.

Walras escribió su primera obra económica refutando a Proudhon en 1859, dictó tres lecciones públicas sobre cooperativas en París en 1865, apoyó la revista Le Travail, órgano del cooperativismo francés en el bienio 1866-68 y escribió obras destacadas como Elements of Pure Economics, or the Theory of Social Wealth (1874), Théorie Mathematique de la richesse sociale (1883), Principios de Economía (1890) y Études d´économie sociale: théorie de la production de la richese sociale (1898)[5] y Les Associations Populaires de Consommation, entre otras.

Según Gide, Walras definiría la economía política como la ciencia de la utilidad y laEconomía Social como “la ciencia de la justicia social[6]. Sobre Walras, Olivera opina que reitera que la solución de los problemas sociales requiere una doctrina “formada de las partes sanas y resistentes del socialismo y el liberalismo y habla de la necesidad de una triple síntesis: socialismo-liberalismo, utilitarismo-moralismo y colectivismo-individualismo[7]

Olivera compara las propuestas de Walras con Mill y Marshall; del primero destaca su Principios de Economía Política y afirma que no tardaría en comprender el vasto campo que se abría al asociacionismo; lo cita textualmente:

“Si la humanidad continúa progresando, la forma de asociación que es de esperar predomine en definitiva no es la que existe entre un capitalista que actúa como jefe y un obrero que no tiene ni voz ni voto en la dirección, sino la asociación de los mismos trabajadores en condiciones de igualdad, poseyendo colectivamente el capital con el que realizan sus operaciones y trabajando bajo la dirección de personas que ellos mismos nombran y destituyen”.

Según él, los fundamentos de Mill eran básicamente empíricos, pero comenzaban a reforzar planteamientos teóricos. Mill estimaba, por ejemplo, que el modelo cooperativo debía “traer un aumento considerable del producto real, tanto por la eliminación de los simples distribuidores como por el estímulo a la productividad que significa el tipo cooperativo de empresas en comparación con el régimen del salariado”.

De Marshall, Olivera opina que estuvo lejos de ser progresista o reformador como Mill y otros, y que su adhesión al cooperativismo no era por considerar al régimen del salario como pernicioso, sino que reconocía en su obra que el sistema cooperativo tenía ventajas para eliminar los riesgos del divorcio entre control efectivo y masa de accionistas de las sociedades anónimas y los peligros sociales de los métodos burocráticos en las empresas privadas y públicas.

Comparando a Mill con Marshall, Olivera afirma que mientras Mill veía como primordial que en el cooperativismo los trabajadores fuesen a la vez capitalistas con las consecuencias que de ello se derivan (Walras lo vería posteriormente), para Marshall lo primordial era que “los capitalistas son al mismo tiempo trabajadores, con las posibilidades de control que implica la participación directa en la actividad de la empresa de la que son dueños”.

Influenciado por Walras fue Friedrich Von Wieser (1851-1926) de la Escuela Austriaca, quien apoyaba el individualismo económico como vía hacia la “economía social”, y a ésta la observaba a medio camino entre el liberalismo clásico y las corrientes económicas socialistas; fue creador de los términos “coste de oportunidad” y “utilidad marginal” por influencia de Walras y Vilfredo Pareto, ambos de la Escuela de Lausana. De Von Wieser opinó Wesley Mitchell: “Incitar en su Economía Social a sus lectores a un pensamiento independiente es, por supuesto, su gran mérito … “

02.- OTROS APORTES Y HECHOS.

En Francia las asociaciones y sus promotores, particularmente de las asociaciones obreras, tuvieron prohibiciones y enjuiciamientos desde los 40s. Las reacciones ante la apertura del gobierno Provisional de 1848 a las asociaciones no se hicieron esperar y así las expresiones asociacionistas y mutualistas iniciaron un progreso lento. Un hecho de importancia en esa época lo constituyó el decreto de la Comuna de París del 16 de abril de 1871, mediante el cual se organiza la toma por trabajadores de empresas abandonadas por sus propietarios.

La nueva República arremete contra las cooperativas que logran subsistir casi clandestinamente y no fue sino con la Ley de 1867 con su capítulo sobre “las Sociedades de Personal y Capital Variable que se proporciona un andamiaje legal a la mayoría de las cooperativas; con la Ley de Sindicatos de 1884 se les concede cierto oxigeno adicional pero no fue sino con la Ley de Asociaciones de 1901 cuando junto ellas y las asociaciones dejan de tener un ambiente hostil.

En ese ínterin, Charles Gide, profesor de la Universidad de París y del Colegio de Francia, dirigente del cooperativismo francés y presidente del movimiento cristiano social, defiende su tesis “Du droit d´association en matière religieuse et des écrits économiques” (1872), escribe su texto Les institutions de progrés social: l´économie sociale, dicta conferencias en la Universidad de Ginebra en 1890 y un curso sobre la solidarité en el Colegio de Francia.

En un análisis del texto de Gide hecho por Vuotto, se destacan valiosos pasajes relativos a la presencia de la ES en Francia desde los años 60s del Siglo XIX hasta 1910, año de la última edición de la obra. En él Gide hace referencia a la Exposiciones Universales, a la inclusión del término “Economía Social” en el Diccionario de Economía Política de Charles Coquelin (1854), a las precisiones de Walras al definir la economía política como la ciencia de la utilidad y a la ES como la ciencia de la justicia social, a los modos de acción social, al Museo Social (1894) y a la Exposición Universal de 1910 en la que la ES adquirió “grandiosas proporciones”[8].

Por su parte, el profesor Henri Desroche (1914 – 1994), director del Colegio Cooperativo de París y director de Estudios de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París (EHESS), hace mención a un coloquio desarrollado en Francia en 1890 en el que se menciona la existencia entre los economistas de una Escuela Solidaria[9]. A propósito de esta afirmación Defourny afirma que se pueden “identificar a lo largo del Siglo XIX en Francia una escuela socialista o que tendía al socialismo, una escuela social-cristiana reformista, una escuela liberal y una escuela solidaria”. De solo existir estas cuatro escuelas para ese año, de conformidad con Girard, pudiera pensarse que la Escuela de Economía Social se había asimilado a la socialista.

Es de destacar que para ese momento el mundo cristiano era impactado particularmente por la Carta Encíclica Rerum Novarum Sobre la Situación de los Obreros del Papa León XIII (15/5/1891), que privilegia las dimensiones sociales y morales de los obreros en sus relaciones con los patronos y los estados, con obvias influencias en la escuela social-cristiana reformista.

Adicionalmente, en esa década, con la liberación del marco jurídico de las mutuales, gracia a la “Carta de la Mutualidad” de 1898, las asociaciones de base confirmarían sus funciones de reclutamiento social e inventarían modalidades profesionales, interprofesionales y nacionales. Esa carta marcaría el despegue de Francia, vía mutualismo, hacia la seguridad social; vía emprendida por Bélgica en los años 60s, abriendo caminos a las OESs en contra de las empresas privadas existentes en el área[10].

03.- EL SOLIDARISMO. ¿UN MOVIMIENTO CON POTENCIAL?

Bajo la cobertura del solidarismo y de manera subterránea, desde el Siglo XIII se venía forjando la semilla del término solidaridad. Pérez Rodríguez de Vera, profesora de la Universidad de Murcia[11], realizó un rastreo histórico de ese término precisando aspectos importantes sobre su uso, se resume libremente:

1.- “Durante la Edad Media los juristas reavivan el término y los intelectuales lo utilizan durante el siglo XVII en Francia, unido siempre al léxico de la jurisprudencia: “solidaridad” y “solidariamente”. Esta voz no se populariza hasta el siglo XVIII en Francia”.

2.- “En un principio el sinónimo utilizado era el de caridad entendido como una virtud teologal; cualidad inherente al hombre, que comprendía el amor a Dios y al prójimo, mediante la limosna o el socorro, el servicio a los pobres y a los enfermos”.

3.- “Pierre Lerroux (1797-1871) parece haber sido el primero en emplear esta palabra. Su idea fue reemplazar la caridad del cristianismo por la solidaridad humana, fundándose en razones que sólo pueden convencer a un positivista y que él mismo expuso en su libro De l´Humanité”.

4.- Él “hace de la solidaridad una característica antropológica que la convierte en la base de la vida social; supera la división del género humano en naciones, familias o propiedades, estableciendo la unión entre los hombres. Este concepto estimado en su dimensión semántica se aproxima al término filantropía”.

5.- “En Francia pronto se extendió el movimiento del “Solidarismo”. En la segunda mitad del siglo XIX, a medida que el Socialismo Utópico era desplazado por el Socialismo Científico, cambia el significado de la solidaridad, dentro de la propia tradición socialista”.

6.- “El Solidarismo es el nuevo principio sobre el que se organiza el Estado francés; se trata de una teoría filosófica sobre el deber y las conductas sociales, y tiene como finalidad la idea del bien común, capaz de establecer los deberes de una humanidad reconciliada”.

7.- “En paralelo a esta corriente, emerge el Solidarismo político de L. Bourgeois que en 1896 publica el libro La solidarité con el que se inicia el gran decenio del Solidarismo. Es una ideología laica, pragmática y reformista que se convertirá en la ideología oficial de la III República Francesa”.

8.- Este término no llega a España hasta mediados del siglo XIX, el primer Diccionario general etimológico de la Lengua española de R. Barcia (1882) ya recopila los términos solidaridad/solidariedad, solidario/a, solidariamente, siempre relacionadas con las acepciones del ámbito forense”.

9.- “Es a principios del siglo XX, cuando surgen algunos movimientos reivindicativos, Solidaridad Catalana, Solidaridad Obrera y Solidaridad de Obreros Vascos. Ciertamente, todos estos movimientos políticos obreros difundieron la ideología de la solidaridad sociológica, organizados sobre los principios de la cohesión interna de grupo”.

10.- “Se trataba de un tipo de solidaridad cerrada, fundamentada en los principios corporativos, que emerge a consecuencia de la industrialización en estas sociedades obreras. Sin embargo, este tipo de solidaridad está inserta en el concepto de fraternidad, en el sentido de hermanamiento dentro del mismo grupo”.

11.- “El Solidarismo tendencia que nace en Francia durante la III República Francesa se actualiza a través de las mutualidades, las sociedades cooperativas de consumo y producción, las cajas rurales de crédito y otras instituciones católicas. Estos movimientos se desarrollan en Francia donde aparecen dos escuelas, la de Nimes y el socialismo jurídico”.

12.- “Al Solidarismo se le ha criticado como un sistema jurídico en el que existe una deuda legalmente exigible de los ricos a favor de los necesitados, esto tiene como consecuencia el parasitismo dentro de la sociedad. El fundador fue el jesuita Heinrich Pesch (1854-1926) que para formular su modelo se basó en principios de clara connotación ético-teológica. La organización había de estar constituida por agrupaciones profesionales, las cuales deberían autodirigirse a partir de una normativa ética de raíz católica”.

¿Hasta dónde siguió su escalada el solidarismo?, ¿está en el origen de lo que desde el último cuarto del Siglo XX se denomina Economía Solidaria?, no hay precisiones al respecto. Tampoco se observan vínculos entre el solidarismo como movimiento, el curso sobre la solidarité dictado por Gide en el Colegio de Francia y la Escuela Solidaria mencionada por Desroche. Investigaciones al respecto son necesarias.

Sabias que

Sobre Economía Social: ¿sabías que…? (parte VI)

Imposible cerrar el Siglo XIX sin considerar otros avances de las Organizaciones de Economía Social (OESs) compiladas por Gide y citadas por Vuotto[i] como el inicio del ahorro mutual en París (1879); mutualidades escolares en París (1881); settlements universitarios en Londres (1884); sindicatos agrícolas en Francia (1884); consejos de industrias y de trabajo en Bélgica (1887); bolsas de trabajo en París (1887); asociación para la cría de animales en Berna (1888); ligas sociales de compradores de Nueva York (1889); hoteles populares en Londres (1893); universidades populares en París (1898); inicio de las cajas regionales de crédito agrícola en Francia (1899). A finales del siglo se inicia en España el cooperativismo de consumo principalmente en Cataluña y cooperativas del campo. Desde la segunda mitad del Siglo XIX el cooperativismo desborda Europa expandiéndose al continente americano con experiencias exitosas en Canadá, USA y Argentina.

En cuanto a África y Asia, la expansión fue acompañada y reforzada en numerosas oportunidades por regímenes esclavistas y colonialistas que contradictoriamente utilizaban las cooperativas como herramientas del liberalismo económico desde comienzos del Siglo XX. Así, de manera descontextualizada, numerosas fueron implantadas por agentes con intereses ajenos a las poblaciones locales. Si se entiende por cultura, con Herzkovitz, la “parte del ambiente hecha por el hombre”, este proceso mostraría los problemas asociados a la transferencia y adopción de estas organizaciones en culturas ajenas[ii].

En la Canadá francófona, particularmente la provincia de Quebec, sería necesario esperar hasta 1860 para que aparecieran los primeros Círculos Agrícolas que reunían productores de una misma localidad en función de su pertenencia parroquial; para 1875 esos círculos eran suficientemente numerosos para alcanzar niveles provinciales, constituyéndose entonces la Unión Nacional Agrícola, apropiada por la Iglesia Católica, que los rebautizó como “Círculos San Isidoro” perdiéndose el potencial original. Posteriormente el Estado los controló por la vía de las subvenciones, perdiendo ellos su autonomía[iii]. En 1877 se inicia la primera experiencia de cooperativismo de consumo en el medio anglófono canadiense en los Cantones del Este y en 1866 se constituye la primera cooperativa de consumo francófona en Pointe St. Charles (Montreal).

El cooperativismo de ahorro y crédito llega a América del Norte gracias al periodista canadiense Alphonse Desjardins (1860-1937) quien inspirado en las experiencias de Raiffeisen, de Schultze-Delistz y de Luzatti, funda el Movimiento de Cajas Populares Dejardins (MCPD) en Quebec (1901) y lo llevaría a USA con el apoyo de Eduardo A. Filene (1860-1937) y de Roy F. Bergengren[iv]. Tanto en Canadá como en USA las cajas populares o credits unions alcanzarían desarrollos sorprendentes; a esos países, otros inmigrantes llevarían cooperativas agrícolas, de distribución y electrificación rural.

Sobre Argentina fue a fines del siglo XIX cuando se originaron las primeras cooperativas gracias a la acción de inmigrantes europeos; se estima que antes del 1900 se fundaron unas 56 de ellas[v]. Este nuevo tipo de asociación tuvo su primera expresión legal con la reforma de 1889 del Código de Comercio, cuando se incorporaron artículos sobre sociedades cooperativas que contemplaban el principio rochdeleano de a cada asociado un voto, independientemente del número de acciones que poseyera; se aceptaba que las cooperativas se establecieran bajo cualquiera de las formas societarias mercantiles consagradas.

Las primeras Manifestaciones de cooperativismo en Argentina se dieron con las creación de la Sociedad Cooperativa de Producción y Consumo de Buenos Aires” en 1875, inspirada por el sociólogo francés Adolfo Vaillant; la Sociedad Cooperativa de Almacenes, de comestibles y bebidas en 1884; la Compañía Mercantil del Chubut, fundada por un grupo de colonos galeses, en la ciudad de Trelew que aplicó parcialmente algunas normas de las cooperativas agrarias y la Cooperativa de Consumo, formada por un grupo de pioneros de tendencia socialista, provenientes de Francia en Buenos Aires (1885).

No fue sino el 30/07/1905 cuando se constituye “El Hogar Obrero” Cooperativa de Consumo, Edificación y Crédito Limitada, icono del cooperativismo argentino fundado con “bases rochdaleanas” por Juan B. Justo, Nicolás Repetto y otros cooperativistas y socialistas de entonces, que fue la primera cooperativa no europea en ser admitida en la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) y actualmente la de mayor longevidad al sur del río Colorado. La segunda pareciera ser la mexicana Cooperativa Cruz Azul constituida como empresa privada en el Estado de Hidalgo en 1881 pero convertida en cooperativa el 21/05/1932 luego de ser expropiada por la gobernación del estado para ser puesta en manos de 192 trabajadores con el nombre de “Sociedad Cooperativa de Productores”, el 29/01/1934 cambió su denominación por la de “Cooperativa Manufacturera de Cemento Portland La Cruz Azul, S. C. L.

En México el cooperativismo tiene sus antecedentes en la Caja de Ahorros de Orizaba (1839) que puso en práctica la célebre norma rochdeleana de cada asociado un voto independientemente de sus aportaciones al capital social, así como en la más de una centena de sociedades mutualistas creadas antes de 1874 con 50.236 asociados activos.

En este país se realiza el Primer Taller Cooperativo (1873) organizado por el Gran Circulo Obrero de México del cual surgiría la primera sociedad cooperativa integrada por 26 sastres de la ciudad de México, cuyo ejemplo motivó la transformación de algunas sociedades mutualistas en cooperativas[vi]. Según Martínez y Rojas[vii], en 1874 los 32 miembros de la Sociedad Progresista de Carpinteros decidieron liquidarla como sociedad mutual para convertirla en sociedad cooperativa y de consumo, denominándola “Compañía Cooperativa de Obreros de México”.

Otras sociedades mutualistas también se transformarían en cooperativas de producción como la Fraternal de Sombrereros y la Sociedad reformadora “Sombrerería Mexicana La Huelga”. No fue sino hasta 1876, cuando se fundó la Primera Asociación Cooperativa de Consumo de Obreros Colonos, formada por los obreros ferroviarios de la Estación Buenavista. Lamentablemente la vida de estas primeras cooperativas fue efímera. Es de resaltar que México incluyó en su Código de Comercio de 1889 un capítulo referente a las sociedades cooperativas en el que simplemente se les define como “sociedades con un número de asociados y de capital variable”.

En Chile, el origen se encuentra vinculado al movimiento obrero que constituyó en 1853 la Sociedad de Socorros Mutuos de la Unión de Tipógrafos y que promovió hasta principios del Siglo XX otras sociedades mutualistas y los primeros sindicatos. La primera organización cooperativa de la que se tiene información es la de consumo La Esmeralda (Valparaíso, 1887), vinculada a grupos de artesanos[viii]

En Brasil, las primeras experiencias se remontan a la Colonia Tereza Cristina fundada en 1847 en Paraná por el médico francés Jean Maurice Faivre bajo la influencia de las ideas de Charles Fourier. Otra fue la Cooperativa de los Empleados de la Compañía Telefónica en Limeira, Sao Paulo (1891); y la Cooperativa del Proletariado Industrial de Camaragibe en el Estado de Pernambuco (1894). A partir de 1902, surgen las primeras experiencias de caijas rurales al modelo Raiffeisen, en Río Grande del Sur y en 1907 las primeras cooperativas agropecuarias del Estado de Minas Gerais[ix].

En Puerto Rico se constituye en 1873 La Sociedad de Socorro Mutuo Los Amigos del Bien Público reconocida como la primera cooperativa de ese país.

En Venezuela, país del autor, las referencias históricas acerca de la primera cooperativa apuntan a cuatro opciones y ninguna certificada. La más antigua se remontaría a una en el estado Falcón durante la Guerra Federal, cuyo estatuto a “medio quemar” fue encontrado por el historiador Federico Brito Figueroa; la segunda a una de ahorros en Valencia, el 28 de abril de 1884 cuyos fundadores escogieron el “Modelo de la Isla Canaria de Tenerife”; la tercera sería la “Sociedad Cooperativa de Ahorros y Construcciones de Porlamar” (1903), que fijó su fecha de constitución un 28 de octubre por ser fecha aniversaria de la constitución de la Rochdale Society of Equitables Pioneers, queaún existía en 1941; y la última estaría referida a otra de ahorro y crédito en Chiguará, estado Mérida a principios del siglo pasado. Es de resaltar que el Primer Congreso de Trabajadores de Venezuela (1896) estableció entre los objetivos del sector laboral “estudiar la necesidad de establecer las sociedades cooperativas”[x].

Ese fenómeno de constitución de cooperativas por inmigrantes europeos se observará en otros países latinoamericanos. Sería frecuente observar la promulgación de leyes copiadas de la francesa, así como disposiciones legales cubiertas por códigos de comercio.

Constitución de la ACI

El panorama anterior quedaría incompleto de no considerarse que el cooperativismo constituyó en su Primer Congreso Internacional celebrado en Londres, un organismo cúpula de integración, suerte de federación de cooperativas, con alcances mundiales: la Alianza Cooperativa Internacional (19/08/1895), cuyas siglas son ACI, ICA, IGB o MKA en diferentes idiomas. Fue Robert Owen quien sentó el precedente de ese organismo de integración internacional al constituir en Londres aquella Asociación de Todas las Clases de Todas las Naciones (1835). La idea de fundar la ACI surgió en el congreso de cooperativas inglesas celebrado en Plymouth en 1886, y fue reforzada por la constitución, también en Londres, de la Asociación de Amigos de la Cooperación de Producción celebrado por cooperativas de producción de varios países (1892).

Con sede en Ginebra desde 1982, la ACI, representa los 2,94 millones de cooperativas y los 1.217,5 millones de asociados mencionados ut supra[xi]. Ella es artífice de Valores y Principios Cooperativos adoptados como tales en su Congreso de París de 1937 a partir de las pautas organizacionales establecidas por la Sociedad de los Equitativos Pioneros de Rochdale, razón por la que durante algún tiempo se llamaron Principios de Rochdale.

Cooperativas

Emprender en cooperativismo y falso cooperativismo

Las organizaciones son constituidas para enfrentar situaciones o realizar los sueños de sus fundadores. Son ellos quienes les diseñan el modelo organizacional o de negocio a partir de los potenciales productos o servicios, les precisan la tecnología y el proceso productivo, fijan los perfiles del personal, determinan las fuentes financieras, establecen sus primeros lineamientos estratégicos: Valores ↔ Misión/Visión ↔ Objetivos Estratégicos, aprueban las herramientas de gestión y las contables, seleccionan la forma jurídica, redactan el estatuto, suman los potenciales socios o asociados, realizan la asamblea constitutiva como punto inicial de la real puesta en marcha – y a partir de allí les constituyen redes humanas de colaboradores, proveedores, clientes, comunidades y otras organizaciones necesarias para su buen funcionamiento.

Pero el proceso emprendedor no queda allí. Los primeros valores organizacionales son los aportados por los fundadores quienes también aportan pretensiones no plasmadas en el dúo Misión/Visión referidas a lo que desean para ellos mismos, sus familias, el país y las generaciones de relevo. Son pretensiones no formales, ocultas si se quiere por no estar escritas y visibles en los documentos, que en numerosas ocasiones adquieren mayor peso que las formales.

El involucrarse en estos aspectos acrecienta en los fundadores los sentidos de propiedad y de pertenencia, ambos hacen que vean la organización como hija propia, la cuiden y conduzcan bajo el precepto legal del buen padre, preocupándose incluso por las generaciones de relevo.

Lo descrito señala las dos fases claves de la puesta en marcha de cualquier organización: 1.- Concepto en cuanto al diseño organizacional, actividad propia del emprendimiento, y 2.- Direccionalidad en cuanto al “hacia dónde dirigirla”, actividad propia de la dirección y la gerencia. Desarrollar ambas fases es tarea de los emprendedores – quienes tienen el poder para hacerlo – o Fuerza Fundante, suerte de poder que les concede un savoir faire especial de la empresa y el colocar los rieles que la enrutarán hacia el éxito y hasta su resiliencia, en caso de crisis.

Con el tiempo, por nuevas situaciones y relaciones e ingreso de colaboradores, la Fuerza Fundante inicial se diluye y hasta desaparece, siendo sustituida por otra que asumirá oportunamente el poder de la organización. Cuando por compra o intromisiones externas como estatizaciones, intervenciones o tomas, la Fuerza Fundante desaparece y con ella se van los coordinadores de las redes humanas señaladas, surge el riesgo de cierre.

El proceso descrito es válido en cualquier emprendimiento personal o colectivo, sea para constituir una organización de capital o una de Economía Social. Las diferencias fundamentales estarán en si se busca generar ganancias, o enfrentar problemas comunes; en si el foco de acción está en generar lucro, apropiarse de valores generados por otros, o en si se centra en las personas afectadas por el problema a enfrentar o el sueño a realizar y, por supuesto, también habrá diferencias entre ambas modalidades en cuanto a los valores organizacionales, pues de ellos dependerán los comportamientos de sus socios o asociados con la organización y sus relacionados, con el resto de la sociedad y el ambiente. No olvidar que la ética es la sinergia de valores y principios de una persona u organización ni que de ella depende su Responsabilidad Social.

Definidos estos aspectos, tomemos la ruta del emprendimiento asociativo propio de una Organización de la Economía Social (OES), tomando como referencia las cooperativas. El doble arraigo de ellas en lo local por la doble condición de asociación – empresa que poseen; su propiedad colectiva y procesos democráticos de control y gestión con condiciones para la autogestión; y sus procesos de interoperación e integración con otras organizaciones sin fines de lucro para trascender de lo local al resto de la sociedad, hacen de ese modelo la mejor referencia para enfrentar problemas colectivos con amplios impactos y economías de escala, particularmente aquellos que emergen de crisis y situaciones como la actual pandemia.

Según la Alianza Cooperativa Internacional (ACI), ese modelo es versátil y flexible, único con unidad de propósitos e identidad definida y reconocida internacionalmente, que permite desarrollar cualquier actividad social y económica con ventajas competitivas hasta para la resiliencia como lo demostraron al emerger prácticamente sin daños de la crisis del 2008. Con cooperativas se puede realizar prácticamente cualquier actividad humana en el planeta, menos explotar y esclavizar personas.

¡Atención con el modelo!, si bien tan útil puede ser una cooperativa pequeña o una grande, colocarlas en un pedestal y creer per se que son la panacea, sin ver valores de quienes las impulsan y sus contextos de acción, es un grave error. ¡Atención también con el mito de lo solidario!, la solidaridad no se impone por leyes ni decretos, hay que construirla, ¿por qué denominar solidaria una organización que no construye ese valor?. Además: ¿solidaridad con respecto a qué?: ¿con respecto a combatir la pobreza?. ¿a superar desigualdades?, ¿a enfrentar monopolios?, ¿con respecto a qué?. Ella no se construye en abstracto, debe tener objetivos concretos; es preferible reconocer su inexistencia, a creer que existe y cruzar los brazos.

Finalmente, no se justifica que las cooperativas, y en general cualquier OES, tengan pies de barro en cuanto a valores y procesos, tampoco que sean complacientes y copien actitudes capitalistas o vivan a expensas de lo público como numerosas lo hacen; obvio, tampoco se justifican las falsas. Lamentablemente, en el panorama cooperativo es común encontrar falsas cooperativas. Desconocer los rasgos de la Identidad Cooperativa pareciera normal en sociedades capitalistas o dominadas por estados totalitarios en los que la búsqueda de fáciles ganancias y el modelo burocrático sirven como catapultas de falsas cooperativas.

Ese desconocimiento plantea al menos tres reto al movimiento cooperativo: 1.- formar cooperativistas antes de constituir cooperativas o a menos antes de la puesta en marcha; 2.- desarrollar procesos formativos continuos pues la ausencia de formación cooperativa es indicador de falso cooperativismo; y 3.- trascender hacia las comunidades aledañas y el resto de la sociedad, no solo porque de ellas surgen las generaciones de relevo, sino porque la democracia cooperativa necesita de más democracia para alimentarse. Es inconcebible que las cooperativas permanezcan silenciosas en sociedades dominadas por estados totalitarios; ese silencio también es indicador de falso cooperativismo.

Un elemento clave para determinar las genuinas o falsas es preguntar si ellas cumplen con los preceptos del Acto Cooperativo, acto que se riñe frontalmente con el Acto Comercial, con la intermediación en la compra – venta de cualquier bien o servicio que no tenga como destinatarios a asociados. Recuérdense las consideraciones sobre el Aco Cooperativo y el lucro

Características de las falsas son: 1.- no asocian, se constituyen entre amigos y familiares de relleno para cumplir con el mínimo legal de “asociados”; 2.- sedes con falsas direcciones; 3.- realizan a conciencia actividades lucrativas; 4.- utilizan en exceso las relaciones de dependencia laboral; 5.- anticipos societarios son salarios; 6.- los “asociados” son marginados de la gestión democrática, ni hablar de impulsar la autogestión!; 7.- se blindan firmando actas de relleno; 8.- certificados de aportación de bajos montos; 9.- activos utilizados por la “cooperativa” son propiedad de testaferros para escudarse ante demandas judiciales; 10.- absoluta ausencia de procesos formativos; 11.- cero responsabilidad social; y 12.- evaden impuestos.

Falsas son las cooperativas constituida por decisión de un Estado, un partido político o un grupo religioso, así como las constituidas por intereses monetarios o de apoyos gubernamentales, justo en estas situaciones surgen las cooperativas de maletín, esas que proliferan con gobiernos populistas para negociar contratos a favor de funcionarios públicos interesados en ganancias fáciles.

Falsas son las de transporte cuyos asociados utilizan choferes que no aparecen en el registro de asociados; las de seguros y las financieras que olvidan el mutualismo y son caparazones de aseguradoras y financistas de compras de vehículos y otros bienes beneficiándose de las economías de escala e impositivas, entre otras ventajas; as supuestas de consumo de compra -venta de alimentos, papelería, artículos electrodomésticos, repuestos de vehículo y otras mercancías que negocian con terceros.

Entran en este conjunto aquellas “CTA” que actúan como agencias de colocación de empleos, en detrimento de reales y necesarios procesos de tercerización, cobrando comisiones y porcentajes de salarios de sus colocados como aquellas relacionadas con las empresas de aceite de palma en Colombia por cuyas violaciones de los preceptos cooperativos las CTA son desconsideradas en ese país.

Pero donde más se encuentran es entre las relacionadas con el sector público subcontratando personal para recolección de basura y limpieza; instalación de líneas telefónicas, eléctricas y acueductos; de construcción y mantenimiento de vías y edificios públicos; de transporte de personal y producto de empresas públicas, entre otras.

Las falsas deben ser objeto especial de fiscalización y supervisión por los organismos de tributación y las superintendencias, organismos estos que deben aplicar con fuerza las leyes, multarlas, obligar a sus “dueños” a pagar los impuestos acumulados y cerrarlas definitivamente. Las cooperativas, con verdaderas bases éticas deben ser reales herramientas de transformaciones socio – económicas en todos sus espacios.

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diet is a relationship between you and your body

When, while the lovely valley teems with vapour around me, and the meridian sun strikes the upper surface of the impenetrable foliage of my trees, and but a few stray gleams steal into the inner sanctuary, I throw myself down among the tall grass by the trickling stream; and, as I lie close to the earth, a thousand unknown plants are noticed by me: when I hear the buzz of the little world among the stalks, and grow familiar with the countless indescribable forms of the insects and flies, then I feel the presence of the Almighty, who formed us in his own image, and the breath of that universal love which bears and sustains us, as it floats around us in an eternity of bliss; and then, my friend, when darkness overspreads my eyes, and heaven and earth seem to dwell in my soul and absorb its power, like the form of a beloved mistress, then I often think with longing, Oh, would I could describe these conceptions, could impress upon paper all that is living so full and warm within me, that it might be the mirror of my soul, as my soul is the mirror of the infinite God!

O my friend — but it is too much for my strength — I sink under the weight of the splendour of these visions! A wonderful serenity has taken possession of my entire soul, like these sweet mornings of spring which I enjoy with my whole heart. I am alone, and feel the charm of existence in this spot, which was created for the bliss of souls like mine.

I am so happy, my dear friend, so absorbed in the exquisite sense of mere tranquil existence, that I neglect my talents. I should be incapable of drawing a single stroke at the present moment; and yet I feel that I never was a greater artist than now.

When, while the lovely valley teems with vapour around me, and the meridian sun strikes the upper surface of the impenetrable foliage of my trees, and but a few stray gleams steal into the inner sanctuary, I throw myself down among the tall grass by the trickling stream; and, as I lie close to the earth, a thousand unknown plants are noticed by me: when I hear the buzz of the little world among the stalks, and grow familiar with the countless indescribable forms of the insects and flies, then I feel the presence of the Almighty, who formed us in his own image, and the breath of that universal love which bears and sustains us, as it floats around us in an eternity of bliss; and then, my friend, when darkness overspreads my eyes, and heaven and earth seem to dwell in my soul and absorb its power, like the form of a beloved mistress, then I often think with longing, Oh, would I could describe these conceptions, could impress upon paper all that is living so full and warm within me.

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