Cooperativas

Emprender en cooperativismo y falso cooperativismo

Las organizaciones son constituidas para enfrentar situaciones o realizar los sueños de sus fundadores. Son ellos quienes les diseñan el modelo organizacional o de negocio a partir de los potenciales productos o servicios, les precisan la tecnología y el proceso productivo, fijan los perfiles del personal, determinan las fuentes financieras, establecen sus primeros lineamientos estratégicos: Valores ↔ Misión/Visión ↔ Objetivos Estratégicos, aprueban las herramientas de gestión y las contables, seleccionan la forma jurídica, redactan el estatuto, suman los potenciales socios o asociados, realizan la asamblea constitutiva como punto inicial de la real puesta en marcha – y a partir de allí les constituyen redes humanas de colaboradores, proveedores, clientes, comunidades y otras organizaciones necesarias para su buen funcionamiento.

Pero el proceso emprendedor no queda allí. Los primeros valores organizacionales son los aportados por los fundadores quienes también aportan pretensiones no plasmadas en el dúo Misión/Visión referidas a lo que desean para ellos mismos, sus familias, el país y las generaciones de relevo. Son pretensiones no formales, ocultas si se quiere por no estar escritas y visibles en los documentos, que en numerosas ocasiones adquieren mayor peso que las formales.

El involucrarse en estos aspectos acrecienta en los fundadores los sentidos de propiedad y de pertenencia, ambos hacen que vean la organización como hija propia, la cuiden y conduzcan bajo el precepto legal del buen padre, preocupándose incluso por las generaciones de relevo.

Lo descrito señala las dos fases claves de la puesta en marcha de cualquier organización: 1.- Concepto en cuanto al diseño organizacional, actividad propia del emprendimiento, y 2.- Direccionalidad en cuanto al “hacia dónde dirigirla”, actividad propia de la dirección y la gerencia. Desarrollar ambas fases es tarea de los emprendedores – quienes tienen el poder para hacerlo – o Fuerza Fundante, suerte de poder que les concede un savoir faire especial de la empresa y el colocar los rieles que la enrutarán hacia el éxito y hasta su resiliencia, en caso de crisis.

Con el tiempo, por nuevas situaciones y relaciones e ingreso de colaboradores, la Fuerza Fundante inicial se diluye y hasta desaparece, siendo sustituida por otra que asumirá oportunamente el poder de la organización. Cuando por compra o intromisiones externas como estatizaciones, intervenciones o tomas, la Fuerza Fundante desaparece y con ella se van los coordinadores de las redes humanas señaladas, surge el riesgo de cierre.

El proceso descrito es válido en cualquier emprendimiento personal o colectivo, sea para constituir una organización de capital o una de Economía Social. Las diferencias fundamentales estarán en si se busca generar ganancias, o enfrentar problemas comunes; en si el foco de acción está en generar lucro, apropiarse de valores generados por otros, o en si se centra en las personas afectadas por el problema a enfrentar o el sueño a realizar y, por supuesto, también habrá diferencias entre ambas modalidades en cuanto a los valores organizacionales, pues de ellos dependerán los comportamientos de sus socios o asociados con la organización y sus relacionados, con el resto de la sociedad y el ambiente. No olvidar que la ética es la sinergia de valores y principios de una persona u organización ni que de ella depende su Responsabilidad Social.

Definidos estos aspectos, tomemos la ruta del emprendimiento asociativo propio de una Organización de la Economía Social (OES), tomando como referencia las cooperativas. El doble arraigo de ellas en lo local por la doble condición de asociación – empresa que poseen; su propiedad colectiva y procesos democráticos de control y gestión con condiciones para la autogestión; y sus procesos de interoperación e integración con otras organizaciones sin fines de lucro para trascender de lo local al resto de la sociedad, hacen de ese modelo la mejor referencia para enfrentar problemas colectivos con amplios impactos y economías de escala, particularmente aquellos que emergen de crisis y situaciones como la actual pandemia.

Según la Alianza Cooperativa Internacional (ACI), ese modelo es versátil y flexible, único con unidad de propósitos e identidad definida y reconocida internacionalmente, que permite desarrollar cualquier actividad social y económica con ventajas competitivas hasta para la resiliencia como lo demostraron al emerger prácticamente sin daños de la crisis del 2008. Con cooperativas se puede realizar prácticamente cualquier actividad humana en el planeta, menos explotar y esclavizar personas.

¡Atención con el modelo!, si bien tan útil puede ser una cooperativa pequeña o una grande, colocarlas en un pedestal y creer per se que son la panacea, sin ver valores de quienes las impulsan y sus contextos de acción, es un grave error. ¡Atención también con el mito de lo solidario!, la solidaridad no se impone por leyes ni decretos, hay que construirla, ¿por qué denominar solidaria una organización que no construye ese valor?. Además: ¿solidaridad con respecto a qué?: ¿con respecto a combatir la pobreza?. ¿a superar desigualdades?, ¿a enfrentar monopolios?, ¿con respecto a qué?. Ella no se construye en abstracto, debe tener objetivos concretos; es preferible reconocer su inexistencia, a creer que existe y cruzar los brazos.

Finalmente, no se justifica que las cooperativas, y en general cualquier OES, tengan pies de barro en cuanto a valores y procesos, tampoco que sean complacientes y copien actitudes capitalistas o vivan a expensas de lo público como numerosas lo hacen; obvio, tampoco se justifican las falsas. Lamentablemente, en el panorama cooperativo es común encontrar falsas cooperativas. Desconocer los rasgos de la Identidad Cooperativa pareciera normal en sociedades capitalistas o dominadas por estados totalitarios en los que la búsqueda de fáciles ganancias y el modelo burocrático sirven como catapultas de falsas cooperativas.

Ese desconocimiento plantea al menos tres reto al movimiento cooperativo: 1.- formar cooperativistas antes de constituir cooperativas o a menos antes de la puesta en marcha; 2.- desarrollar procesos formativos continuos pues la ausencia de formación cooperativa es indicador de falso cooperativismo; y 3.- trascender hacia las comunidades aledañas y el resto de la sociedad, no solo porque de ellas surgen las generaciones de relevo, sino porque la democracia cooperativa necesita de más democracia para alimentarse. Es inconcebible que las cooperativas permanezcan silenciosas en sociedades dominadas por estados totalitarios; ese silencio también es indicador de falso cooperativismo.

Un elemento clave para determinar las genuinas o falsas es preguntar si ellas cumplen con los preceptos del Acto Cooperativo, acto que se riñe frontalmente con el Acto Comercial, con la intermediación en la compra – venta de cualquier bien o servicio que no tenga como destinatarios a asociados. Recuérdense las consideraciones sobre el Aco Cooperativo y el lucro

Características de las falsas son: 1.- no asocian, se constituyen entre amigos y familiares de relleno para cumplir con el mínimo legal de “asociados”; 2.- sedes con falsas direcciones; 3.- realizan a conciencia actividades lucrativas; 4.- utilizan en exceso las relaciones de dependencia laboral; 5.- anticipos societarios son salarios; 6.- los “asociados” son marginados de la gestión democrática, ni hablar de impulsar la autogestión!; 7.- se blindan firmando actas de relleno; 8.- certificados de aportación de bajos montos; 9.- activos utilizados por la “cooperativa” son propiedad de testaferros para escudarse ante demandas judiciales; 10.- absoluta ausencia de procesos formativos; 11.- cero responsabilidad social; y 12.- evaden impuestos.

Falsas son las cooperativas constituida por decisión de un Estado, un partido político o un grupo religioso, así como las constituidas por intereses monetarios o de apoyos gubernamentales, justo en estas situaciones surgen las cooperativas de maletín, esas que proliferan con gobiernos populistas para negociar contratos a favor de funcionarios públicos interesados en ganancias fáciles.

Falsas son las de transporte cuyos asociados utilizan choferes que no aparecen en el registro de asociados; las de seguros y las financieras que olvidan el mutualismo y son caparazones de aseguradoras y financistas de compras de vehículos y otros bienes beneficiándose de las economías de escala e impositivas, entre otras ventajas; as supuestas de consumo de compra -venta de alimentos, papelería, artículos electrodomésticos, repuestos de vehículo y otras mercancías que negocian con terceros.

Entran en este conjunto aquellas “CTA” que actúan como agencias de colocación de empleos, en detrimento de reales y necesarios procesos de tercerización, cobrando comisiones y porcentajes de salarios de sus colocados como aquellas relacionadas con las empresas de aceite de palma en Colombia por cuyas violaciones de los preceptos cooperativos las CTA son desconsideradas en ese país.

Pero donde más se encuentran es entre las relacionadas con el sector público subcontratando personal para recolección de basura y limpieza; instalación de líneas telefónicas, eléctricas y acueductos; de construcción y mantenimiento de vías y edificios públicos; de transporte de personal y producto de empresas públicas, entre otras.

Las falsas deben ser objeto especial de fiscalización y supervisión por los organismos de tributación y las superintendencias, organismos estos que deben aplicar con fuerza las leyes, multarlas, obligar a sus “dueños” a pagar los impuestos acumulados y cerrarlas definitivamente. Las cooperativas, con verdaderas bases éticas deben ser reales herramientas de transformaciones socio – económicas en todos sus espacios.

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